Febrero sabe a cuentos compartidos

24/02/2026

Febrero se nos escapa entre los dedos y, como cada mes, la biblioteca vuelve a llenarse de ese calor humano que solo traen los niños, las niñas y las familias con ganas de descubrir, una vez más, a qué saben los libros. Llegaron dispuestos a abrir páginas, a dejarse llevar, a volar con la imaginación. Y nosotros, como siempre, llevamos algo nuevo bajo el brazo: un kamishibai y un cuento redondo.

Empezamos precisamente con ese cuento redondo, “Las bodas de la pulga y el piojo”. A base de repetir y repetir, íbamos reuniendo todo lo necesario para celebrar la boda, y cada problema encontraba solución gracias a los personajes que iban apareciendo. El final… bueno, ese dejó a más de uno con la boca abierta. 

Pero ¿de qué iba realmente el cuentacuentos esta vez? ¿Qué tocaba explorar? Fue “Minimoni” quien nos llevó de la mano para descubrir eso tan misterioso y tan cotidiano a la vez: el amor. Dónde se esconde, cómo puede ser delicado y fuerte al mismo tiempo, cómo cabe en los detalles más pequeños y aun así ser enorme. ¿Se podrá llenar el mundo de amor? Yo creo que sí. ¿Y tú? 

Con “Los colores que se aman” y “Te quiero casi siempre” aprendimos que el color de piel no importa para querer a alguien, y que ser diferentes no nos separa, sino que nos enriquece. Cada uno aporta lo que es, y eso es lo que hace que todo funcione. 

Entre cuento y cuento se coló también un ratoncito muy especial: “Frederick”. Vino desde su familia de ratones de campo para recordarnos que no todo es recoger comida; que también hace falta quien traiga palabras, calor e ilusión cuando llega el invierno. 

Y para cerrar, viajamos a Japón con “Momotaro”, contado con kamishibai. De un melocotón nació un niño con una misión: derrotar a los ogros que hacían daño a la gente. En su aventura descubrimos lo fácil que puede ser hacer amigos cuando uno va con el corazón abierto. 

Nos quedamos con ganas de más, así que ya estamos pensando en seguir llevando letras el próximo mes y volver a vernos las caras. Quién sabe, quizá esta vez alguien se anime a contar un cuento también. Lo sabremos el 23 de marzo. Y si el tiempo acompaña, nos veremos al aire libre, en la plaza de las Malvas.

Y por supuesto, gracias de corazón a quienes os quedasteis hasta el final. Sin vosotros, nada de esto tendría el mismo brillo.